Milei abrió las sesiones ordinarias en el Congreso, tuvo cruces con la oposición y anticipó una cargada agenda legislativa
El Presidente habló por cadena nacional, adelantó que seguirá con su línea de política exterior y se cruzó con el kirchnerismo. Destacó los logros de gestión y anticipó: “Cada uno de los ministerios ha preparado 10 paquetes de reformas estructurales”
Luego de un verano en el que consiguió aprobar en el Congreso varias de las reformas que presentó, el presidente Javier Milei abrió este domingo por la noche un nuevo periodo de sesiones ordinarias con un discurso que estuvo marcado por los cruces con la oposición y su alianza con Estados Unidos.
El Presidente inició su discurso pasadas las 21, en el que resaltó la relación con la administración norteamericana y precisó: “En la Segunda Guerra Mundial, nuestra neutralidad nos forzó décadas de más violencia. Con el no al ALCA, nos quedamos afuera del mayor ciclo de expansión económica del esfuerzo humano”.
Sostuvo que “el Atlántico Sur es el terreno de disputas estratégicas de las próximas décadas” y aseguró que Argentina tiene que ser un actor importante en este nuevo desafío.
En ese sentido, Milei resaltó: “Enviaremos un paquete de meses para fortalecer la coordinación entre fuerzas de seguridad e inteligencia. Pero todo esto requiere una alianza estratégica duradera. Y eso es lo que estamos construyendo con Estados Unidos. Esto no es solo un acuerdo entre el presidente Trump y el presidente Milei. Tiene que ver con la afinidad cultural y objetivos estratégicos entre dos países y en toda la región”.
Y completó: “Es lo que nos permitió renegociar con el Fondo Monetario Internacional, salvar una crisis cambiaria, reventar nuestro comercio exterior e impulsar ahora la innovación estratégica más importante de nuestra historia. Es hora de hacer de esto una política de Estado. Tenemos que crear el siglo de las Américas. ‘MAGA’ de Alaska a Tierra del Fuego”.
Por otro lado, el mandatario cruzó a Cristina Kirchner y anticipó que “va a seguir presa por chorra”. Además, elogió a sus ministros y anticipó una cargada agenda legislativa para este año: “Cada uno de los ministerios ha preparado 10 paquetes de reformas estructurales, por lo que todos los meses presentaremos los paquetes de proyectos a ser tratados por este Congreso”.
Sin respuestas para una crisis que ni reconoce
“¿Acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caro, contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle?”
Quienes busquen respuestas a los problemas que piense que hoy sufre la economía argentina no las encontrará en el discurso del presidente de la Nación de este primero de marzo al abrir las Sesiones Ordinarias del Congreso. Simplemente, en su informe anual sobre el Estado de la Nación, los problemas no existen. En cambio, brindó un panorama de lo que viene en materia económica, que debe ser a su criterio la profundización de la apertura importadora, llevar al extremo la desaparición de las funciones de regulación y arbitraje que le corresponderán al Estado y ponerle fin definitivo a lo que calificó como “la trampa del fetiche industrialista” que significa darle alguna forma de protección a la industria nacional para impulsar su desarrollo.
“¿Acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caro, contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle?”, se preguntó. Y culpó al titular de FATE, Javier Madanes, de especular con conseguir una protección para el sector del aluminio en una negociación espúrea. Lo cual no puede descartarse, pero de la suerte de esos trabajadores “tirados a la calle» no se hizo cargo Milei, ni siquiera para mencionarlo en su cita.
El tema del empleo apareció varias veces en su discurso. No como problema, sino como demostración de “lo bien que funciona” su modelo económico. Repitió la muletilla libertaria de que “triplicamos los salarios en dólares”, insistió en que las estadísticas demuestran que el empleo creció, “en un contexto en el que hay más gente ofreciendo su trabajo, pero la demanda de empleados la supera”.
Lo que planteó en términos numéricos, Milei lo completó con su explicación teórica. Aseguró que la importación que reemplaza a la producción local no genera desempleo, “porque el producto importado es más barato y al tener el consumidor más disponibilidad de dinero, comprará otros productos y eso va a generar más producción y, en consecuencia, más empleo que supera en número a los empleos que se pierdan por la industria que cerró por ineficiente: todos ganan”. Y hasta parece convencido cuando lo dice.
Como para no dejar dudas, subraya que es positivo que el empresario ineficiente — el que “pierde” frente a la importación– cierre y su empresa desaparezca, porque eso no genera desempleo y es un beneficio para los consumidores. “La defensa prebendaria de ese industrial ineficiente sólo lo beneficiar a él y al político corrupto que coimea para que lo defienda”, cierra su explicación Milei.
Le quedan afuera unos cuantos datos fuertes de la realidad. Las familias están perdiendo capacidad de compra porque una proporción grandes de sus ingresos se le van en el aumento exorbitante de los servicios, por la quita de subsidios que ensaya el gobierno. Consume menos de otros productos, por eso es que el mercado que hoy disputan industrias locales y la importación es más chico que el de hace tres años. Tampoco le dan los números a esas familias para verificar que sus ingresos en dólares se triplicaron en estos años.
Y sin embargo, el discurso presidencial insiste en que ni el empleo, ni los salarios ni los cierres por la competencia de la importación, sean un problema que hoy preocupe a la economía argentina.
En ese contexto, Milei se atreve a proyectar la economía del futuro, la que ayudará a consolidar con “una nueva arquitectura jurídica” que empezará a construir este año gracias a un Congreso Nacional que “nunca fue tan reformista como ahora”. Una arquitectura jurídica que prevé basada fundamentalmente en el respeto a la propiedad privada, que estará plasmada en una reforma al Código Aduanero, eliminación de regulaciones y otorgamiento de facilidades a la explotación de los recursos naturales “lejos de prejuicios ambientalistas absurdos”.
El presidente hizo un encendido elogio al Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones, el RIGI, asegurando que ya se habían aprobado adhesiones por 25.000 millones de dólares y que había 45.000 millones más en estudio. Aseguró que ese instrumento había posibilitado que el año pasado se alcanzara un nivel récord de inversiones extranjeras. Curioso: porque de esos 25.000 millones de dólares de inversiones aprobadas, todavía no se ejecutó ninguna, y por otra parte en el neto de inversiones extranjeras entre las que llegaron y las que se fueron (empresas extranjeras que levantaron sus activos en el país), el saldo neto fue negativo. Es decir, hubo desinversión extranjera neta en Argentina en 2025 y, eso sí, por primera vez en la historia económica desde que se lleva registro.
Sin dudas el sector más activo en promesas de inversiones es para el gobierno el minero. Son justamente algunas empresas extranjeras de este sector las que le han exigido al gobierno la modificación de la Ley de Defensa de los Glaciares, como condición inexcusable para concretar las inversiones. Milei no habló de extorsión en este caso.
En cambio, se mostró tan convencido de las virtudes de la inversión minera que se ilusionó con la creación de “cientos de miles de puestos de trabajo por toda la Cordillera, empleos reales y no de parásitos como el Estado”. Vale recordar que ni son parásitos los últimos, pero tampoco “reales” los anteriores: no hay antecedente que pueda ratificar que, incluso haciendo todas las inversiones proyectadas en la Cordillera de los Andes, se puedan alcanzar un millón de empleos permanentes como aseguró Milei.

