Ganadores y perdedores del primer año de Javier Milei
Una película que ya vimos en Argentina
Banqueros, empresarios mineros y petroleros; estatales y jubilados, en un extremo y otro del flujo de ingresos. Lo que falta abajo se acumuló arriba.
Al contrario de lo sucedido con la nota anterior, esta es una pieza informativa que se estructura desde y con datos. Datos duros de procedencia oficial, reelaborados por dos consultoras que solemos citar por su rigurosidad metodológica, antes que por algún sesgo ideológico-político: CESO (Centro de Estudios Sociales Scalabrini Ortiz) y MATE (Mirador de la Actualidad, el Trabajo la Economía).
Pero antes de presentar cifras con muchos o muchísimos ceros, cifras que nuestros lectores jamás han visto o tenido toda junta (hay contadísimas excepciones, como con los ganadores provisorios de la era Milei), vamos a pulverizar otro hito de la batalla cultural que las derechas del mundo han instalado exitosamente en el sinsentido común dominante: el de la circulación vertical de la riqueza, asociado a la desestructuración funcional del sistema económico y social. La frase exitosa (mas no verdadera) es la que reza que “los recursos deben circular desde los sectores más bajos de la pirámide socioeconómica, ascender por un “riquezoducto” ágil e incuestionable hacia los dueños del capital, de los fierros, de la información sensible; para luego (cuando estos últimos estén saciados y hasta empachados de consumir bienes y servicios), cuando ya no puedan guardar o esconder sus voluminosos excedentes, estos lloverán en forma de tiras de asado, pizzas, celulares, motos o vouchers para un fin de semana largo en Santa Teresita, hacia los que antes habían sido temporalmente esquilmados”.
Ganadores y perdedores del primer año de Javier Milei
Millones de desposeídos, durante miles de años, maltrataron sus cervicales y aguzaron la vista mirando hacia arriba, prepararon platos, fuentes, garajes y valijas de verano para recibir el producido de ese derrame que –sin un Estado que lo imponga, sin leyes protectivas, ni sindicatos– jamás se produjo. Esta es otra de las rarezas de la condición humana, la creencia contra toda evidencia teórica, empírica e histórica de que algo funciona de cierto modo y no de otro, sólo por haber sido propalado abrumadoramente. Lo hemos aseverado en otras ocasiones: la riqueza se desplaza entre el trabajo y el capital, circula en proporciones variables (hoy los asalariados se apropian del 43,4% del Valor Agregado Bruto contra 45,1% del capital), sale de un bolsillo para ingresar en otros, empobrece a unos para enriquecer a otros.
Los contados momentos históricos en los que los trabajadores se percataron de semejante mecánica y se asociaron para desmontar ese riquezoducto unidireccional o bien transformarlo en una vía de doble mano simultánea, se llamaron revoluciones de izquierdas o modulaciones benefactoras como los Estados de Bienestar, que repartían más equitativamente y casi sin deelay lo producido por el sistema económico. Quedan vestigios y esperanzas. El 10 de diciembre pasado, ese experimento neoliberal crudo con seres vivos que es la coalición libertaria, cumplió un año en el gobierno. Primer dato, entonces, para contestar cuántos pesos fueron transportados a través de ese ducto que sube y casi nunca baja, cuánto ganaron los de arriba y cuánto perdieron los de abajo.
El último Informe sobre Distribución del Ingreso del INDEC, confirma a través del coeficiente de GINI (indicador de desigualdad) lo que muestra la infografía anterior. La brecha entre el decil más rico y el más pobre de la Argentina es de 0,435; esto implica que una familia rica percibe ingresos 14 veces superiores a los de una familia pobre. Porque hay ricos y pobres, y porque la riqueza excesiva unos miles está indisolublemente relacionada con la pobreza extrema de otros millones.
Un lector bienintencionado, acaso iluso (pero no soy el único, como dijo Lennon) pregunta influido por cierto espíritu navideño: “¿Podremos ser algún día todos ricos?” Otro, que viene de abrir una cuenta corriente en dólares, muy seguro de que no habrá corrida, contesta secamente: “Si eso sucediera, el marxismo, el socialismo y el peronismo no reventado, habrían cumplido su misión histórica, deberían desaparecer o reinventarse”. “Igual que ahora!”, replica el primero. La respuesta no se hace esperar: “Que sigan existiendo pobres es funcional a todos, no pregunte pavadas, amigo”. Silencio profundo en el aire… sigamos con los datos.
Jubilados pérdida acumulada
Tomando como base las jubilaciones medias de 2015, vemos una caída indetenible desde 2017, que ya acumula -$10 millones y en términos porcentuales define una jubilación media actual un 39% más baja que la del final del último gobierno de Cristina Fernández. Dato elocuente que es buena y mala noticia a la vez, dependiendo si es para el capital o para los trabajadores, para el FMI o para los sindicatos: el ingreso promedio per cápita para el total de la población es de $414.785. Pero la mediana (esto es lo que gana la mayoría, no el promedio que agrupa todos los salarios de la serie) es de $300 mil. Los dos valores están por debajo de la actual línea de indigencia y representan menos de la mitad del ingreso que requiere para no ser pobre ($986.586).

