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Despedidos de Tres Arroyos, Unionbat y otras empresas cuentan cómo hacen para sobrevivir

3 de noviembre de 2026
in Economía, Noticias
Despedidos de Tres Arroyos, Unionbat y otras empresas cuentan cómo hacen para sobrevivir
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Despedidos de Tres Arroyos, Unionbat y otras empresas cuentan cómo hacen para sobrevivir

 

Martín Gómez alterna la mañana entre un llamado, la entrevista y los pedidos de sus excompañeros. Es uno de los cien despedidos de Unionbat, la fábrica de baterías de Willard en Gualeguaychú que el 26 de junio cerró sus puertas. Ese día, a los trabajadores del turno tarde les impidieron entrar y a los de la mañana los echaron con un escribano. La empresa les dijo que cerraba porque no podía competir con las baterías importadas de Brasil y de China.

Gómez era delegado y habló con la filial de San Martín en Buenos Aires, donde funcionaba la sede administrativa, todavía abierta.

—No vamos a volver a abrir hasta que no cambie la política de gobierno —le dijeron.

—¿Pero qué vamos a hacer? ¿Vamos a esperar un año y medio y que el gobierno se vaya? —preguntó.

La empresa prometió pagarles la indemnización completa, pero les dijo que la fábrica, así, era inviable. No pagó. Hubo acampe, intervino la Secretaría de Trabajo y la empresa se presentó a concurso de acreedores. Los trabajadores todavía no cobraron y quedaron en una lista de espera.

—En Gualeguaychú la situación es desesperante —dice Gómez—. La gente tuvo que salir a cortar pasto, vender comida, hacer de Uber o remise. Mis compañeros están todos sin trabajo. Y lo estamos viendo todos los días, cuando salen cinco puestos de trabajo, hay 50 cuadras de cola.

Matías, uno de sus antiguos compañeros, era electricista en la fábrica y desarmaba motores. Hoy hornea empanadas, cocina canelones y vende tortas fritas cuando llueve. Juan, operario de producción y encargado de la fundición de plomo en el horno, compró una máquina como pudo y salió a cortar pasto. Fabricio maneja un auto con una aplicación en una ciudad donde Uber está prohibido: “Hay peleas con los remises y la Secretaría de Tránsito anda persiguiéndolo. No puede buscarse el mango”.

La falta de trabajo también les cambió la relación con el tiempo. Históricamente, cobraban el sueldo el día 5 y el 20 de cada mes. La quincena organizaba los gastos. “Esas dos veces te entraba plata y con eso te manejabas. Hoy no está más la quincena. O sea, desde hace tres meses, estás día a día buscándote la plata para comer”, dice Gómez.

 

Después de Tres Arroyos

Andrea Ulere perdió el trabajo en agosto. Es una de las despedidas de Granja Tres Arroyos. Vive en Capitán Sarmiento, una localidad bonaerense con alma de pueblo, dinamitada por el cierre de la fábrica.

—Mis hijas hasta el año pasado me regalaban un viaje en avión para el Día de la Madre. Fui a conocer San Luis, viajé a las Cataratas y a tantos lugares hermosos. Pero este año les dije que yo con una corega y una tintura para el pelo ya me sentía conforme. Parece chistoso, pero es tan triste como eso —dice.

Laura vive en Lanús. Escribe lo único urgente. Una lista con deudas. Madre de dos hijas, una estudiante universitaria y otra en una secundaria privada, es dueña de una casa con pileta a la que evalúa convertir en salón de fiestas. Tuvo un último trabajo formal hace dos años y ahora debe cuatro meses de cuota escolar.

—Mirá, te soy sincera: este es el primer año de mi vida que digo: ¿hoy tenemos para comer? Listo, ya está. No pienso más que en este día.

Vivir al día. Ni llegar al día 30 del mes. Ni llegar al día 20. Muchos de los trabajadores despedidos de grandes o pequeñas industrias, muchos de los protagonistas de los cierres de los últimos meses, no vuelven a conseguir trabajo. Durante el segundo trimestre del año, el desempleo llegó a 7,9 y varios conurbanos registran tasas de dos dígitos. Y según el análisis de Fundar, durante el gobierno de Javier Milei el país perdió más empresas que en cualquier otro gobierno de los últimos 24 años: 15.475 el último año y 32.290 desde noviembre de 2023.

Quienes pierden el trabajo salen a buscar otro en un mercado de trabajadores que continúan siendo expulsados. Pero no son los únicos.

Los trabajadores despedidos compiten ahora con quienes todavía tienen empleo, pero buscan cada vez más trabajo. Aunque Milei no lo acepte, lo hacen porque la plata no alcanza. Como señalan los investigadores Juana Garabano y Gustavo Assusa (IDH-Conicet-UNC), se resisten a “cagarse de hambre”.

 

Granja Tres Arroyos, la olla popular y la rabia

En Capitán Sarmiento, Andrea Ulere consiguió un puesto de maestranza en la municipalidad. Volvió a tener trabajo en blanco y con eso una obra social para su hijo con discapacidad. Mejor. Pero aun así está inquieta. Muchos de sus compañeros de Granja Tres Arroyos siguen sin trabajo.

—La gente está desesperada, los tenés que contener porque quieren ir a prender fuego a la fábrica. Y yo les digo: van a terminar presos y no vamos a solucionar nada.

Todavía hacen ollas populares. Ella sale de trabajar a las siete de la tarde, cocina y se suma una o dos veces por semana.

—Estamos tratando de acompañar, pero llega un momento en que todo se termina. Se termina la generosidad del pueblo, que ha donado un montón de cosas, se termina, no se puede más.

Andra empezó a grabar videos caseros. Y sabe que algunos molestan. Allí dice algunas de sus verdades, realidades como estas:

—Lo triste, como yo digo, es que tengo, gracias a Dios, dos hijas que son dos mujeres profesionales y están continuamente apuntalándonos. A mí, a mi marido, que no es su padre, a mi hijo. Nos tienen que pagar el agua, nos tienen que pagar la luz, nos tienen que traer comida. Esto no es el ideal para una madre que ha luchado toda su vida por salir adelante.

Granja Tres Arroyos no pagó las indemnizaciones. La última semana, un pequeño grupo de ex trabajadores volvió a sostener un acampe, breve y casi sin fuerzas. Los trabajadores que mandan a sus hijos a estudiar a otros lugares todavía intentan sostenerlos. Pero en el pueblo no hay otras fuentes de trabajo, sobre todo para los más grandes. Andrea ahora espera la indemnización. Quiere tener un respaldo. Y planes. Eso dice que le falta.

—Lo que me mata es no tener planes. No hay planes ni lunes ni sábado ni domingo. No podés decir: “Che, nos juntamos a comer” o “¿por qué nos vamos allá? No, porque no se puede gastar combustible. No se puede gastar nada. No hay para gastar.

 

Los que trabajan y tampoco llegan

Hace 15 días, Milei abrió una nueva polémica. Dijo que era una mentira que la gente no llega a fin de mes. “¿Podemos pensar un poquito lo que significa? –dijo él. “Yo les hago una pregunta, si se quedan sin plata verdaderamente al día 20, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber? ¿Nadie se hizo la pregunta?”.

“El asunto es que no solamente está buscando trabajo el que es despedido, sino que también buscan trabajo los que ya están ocupados, porque no alcanza lo que ganan para vivir”, dicen los investigadores Garabano y Assusa.

Según la Encuesta Poblacional de Gestión de Crisis (EPGeCórdoba), 6 de cada 10 encuestados dicen que se les acaban los ingresos el día 20 del mes o antes.

Cuando se acaba la plata, 32 por ciento restringe consumos; 27 por ciento busca trabajar más y 16 por ciento tarjetea esperando que vengan meses mejores.

“Así se arma un combo de pluriempleo, sobreexplotación horaria, desahorro, infraconsumo y deuda –explican–. No porque la gente quiera ´progresar un poquito´, como dice Alejandro Fantino, sino porque se resiste a ´cagarse de hambre´. Ya sea mediante aplicaciones o combinaciones de changas, los ingresos son inconstantes y poco previsibles. Y en ese universo, la deuda es una posibilidad de aguantar la carrera con el último día del mes, pero también lo es la inmovilidad”.

Aguantar. Con deudas, changas o incluso un parate. Es que mientras algunos viven en el día a día, otros administran cuidadosamente el ingreso del día uno. El consumo restringido achica espacios en los que se vive.

“En sectores que conocieron el empleo formal, los primeros recortes son las vacaciones, el deporte, salir a comer, comprar ropa, suscribirse a plataformas para ver películas. La quietud se combina con una actividad demandante: conseguir promociones, comprar en el super alejado del centro y en la verdulería del barrio, buscar alternativas online de productos de farmacia, sistematizar la información sobre descuentos en determinados días de la semana en comercios específicos. Así, el espacio mental de administración y efectivización de gestión en una economía doméstica es asumida, en su mayoría, por las mujeres del hogar”.

Juana Garabano y Gonzalo Assusa analizaron los datos en el marco del Proyecto “La gestión de la crisis en los hogares cordobeses. Un estudio desde la perspectiva de la desigualdad de clases sociales, género y edad (2023-2027)” del Observatorio Social y Cultural por el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional de Córdoba.

Fuente: Página/12

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